Esta entrada combina dos obras de Unamuno que he leído seguidas. Empezaré por la primera en orden cronológico de publicación: Niebla.
El amor es un éxtasis, nos saca de nosotros mismos
El amor precede al conocimiento, y éste mata a aquel
Una de las cosas que me da más pavor es quedarme mirándome al espejo, a solas,
cuando nadie me ve. Acabo por dudar de mi propia existencia e imaginación,
viéndome como otro, que soy un sueño, un ente de ficción...
(Augusto, personaje principal de la obra)
Esta última frase creo que es un buen ejemplo de en torno a qué pivota esta novela: la angustia existencial. Y es que, aunque en un principio puede sonar a típica historia de amor tradicional, romántico, platónico ("mi Eugenia, sí, la mía, esto que me estoy forjando a solas y no la otra, no la de carne y hueso") algunos retazos nos van redirigiendo hacia algo mayor.
Así lo vemos cuando Augusto se refiere no ya a su amor por Eugenia, sino por la abstracción femenina materializada en todas las mujeres. Esta es una primera forma, a mi juicio, de introducir algo más profundo, un cambio de actitud vital y un ansia, como diríamos desde la terapia existencial, de perdurar a través de la mirada de un otro ("lo que yo necesito es alma, y una alma de fuego como la que irradia de los ojos de Eugenia"). Y posteriormente cuando, con el curso de los acontecimientos, se nos habla de la existencia pura y dura, la temporalidad, la muerte, en un final majestuoso donde el protagonista tiene unos diálogos tremendos con el propio autor de la obra (sí, dialoga con el propio Unamuno, incluso se rebela contra él, y no tiene desperdicio) en una especie de paralelismo entre un diálogo entre el hombre y su creador/dios.


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