Aunque su vida no había sido como debiera haber sido,
se podría corregir aún. Se preguntó: ¿cómo debe ser?
(Iván Ilich)
(Iván Ilich)
La frase del encabezado describe bien la esencia de esta novela: la conciencia de muerte activa una angustia que podemos redirigir hacia algo constructivo. ¿Estamos teniendo al vida que nos gustaría tener? Y, si no es así, ¿qué podemos cambiar?
Este planteamiento es muy conocido para la terapia Existencial y otras como la de Aceptación y Compromiso. Y la cabra tira al monte. Podría ser una lectura terapéutica para mucha gente.
Novela corta (107 pg), intensa, no tiene desperdicio. Diríamos que no sobra una página.
Quizá a mentes sensibles (o tanatofóbicas) puede resultarle un poco agobiante, desesperante, esa evolución vertiginosa, esa incertidumbre acompañada rápidamente (de forma sutil al principio, pero progresivamente más intensa) por la sensación de que todo se acaba y ni nos hemos enterao.
Pero no sólo es eso (que no es poco) sino el comportamiento del entorno. Las reacciones de sus compañeros de gremio, de su familia, de los médicos. Un espectáculo siniestro que refleja cierto tipo de sociedad del que podríamos hablar renglones, pero que en lo individual podría llevarnos a preguntarnos: ¿Qué personas tengo cerca? ¿Cómo responderían en momentos donde mi vulnerabilidad salga a flote?
Otros detalles de la novela son efectos paradójicos de control mental que también vemos mucho en terapia, y que salen a relucir en párrafos como este: "trató de ahuyentar aquel pensamiento, pero[...] volvía una y otra vez y se encaraba con él. Y para desplazar ese pensamiento convocaba toda una serie de otros [...] no producía efecto alguno"
En definitiva, una lectura rápida, intensa, y llena de significado que no deja indiferente, y que a los más eruditos recordará a los Heidegger (su vida auténtica e inauténtica), Camus, a películas como Soul, o grupos como Jarabe de Palo, por citar lo que tengo más reciente.

No hay comentarios:
Publicar un comentario