"Más allá de la línea roja que en el arte es la locura, hay algo todavía
peor. Y se encuentra en la particular obsesión que supone la perversión
de Humbert. Describir tal perversión con el entusiasmo de un pervertido
sin ser asqueroso es imposible. Si el señor Nabokov ha intentado hacerlo, ha fallado"
Orville Prescott, 'The New York Times' (11/8/58)
- Rechazada por 4 editoriales estadounidenses antes de ser publicada en París (donde tras el escándalo de la publicación, fue censurada).
- El autor afirma que tocaba uno de los 3 temas tabús en la época en EEUU, junto al tema racial y al ateismo.
- Criticada por falta de ética al tocar de cerca transgresiones morales y legales de una forma que podría dar lugar a empatizar con el agresor
- Llevada a la gran pantalla por Stanley Kubrick en 1962
Con esta carta de presentación os traigo este clásico de Nabokov, en una lectura que he recuperado tras comenzarla allá por 2015, y que las condiciones actuales han ayudado a que retome.
Me imagino al bueno de Vladimir recibiendo al lector a la "entrada" de su libro:
Y, ¿si te invito a ponerte en el lugar de uno de los grandes villanos de nuestra sociedad, repudiado incluso en entornos carcelarios? Y, ¿si vas siendo testigo de cómo va desarrollando su modus operandi al tiempo que te hago de alguna forma empatizar con él?
Suena provocador. Para algunos asqueroso. Para otros interesante (y puede que a la vez asqueroso). Pero, desde luego, provocador.
Como puntos favorables, para mi, la originalidad de meternos en la perspectiva de un pederasta. Me parece de interés
acercarnos a un fenómeno, por muy condenable que sea (y por mucho que no pierda un ápice de esta merecida condena),
desde un modo poco habitual. Además, refleja algunos diálogos y reflexiones que despiertan el interés del lector no espantado por esta delicada temática. Por ejemplo, cuando el delincuente va tomando mayor conciencia de lo que en realidad ha hecho. Ver su evolución y la de Lolita a través de esos viajes en coche te mantiene atento.
Como punto en contra, a veces se enmaraña en amplias descripciones (que me parecen sobrantes en parte, pausando el ritmo y apartando de lo interesante), y en una extensión total de la que me parece se podía haber acortado.
También señalar que, en sus casi 400 páginas y como consecuencia de lo comentado anteriormente,
uno podría percibir un cierto blanqueamiento de la figura del pederasta. Bien nos avisa el autor que no es esta su intención. En mi experiencia, fui en todo momento consciente de las repugnantes cualidades del protagonista, que iba apuntando a lápiz en algunos márgenes cuando el pasaje me parecía excepcionalmente descriptivo de tal bajeza moral enmascarada de deseo y victimismo. Quizá, si que es verdad,
se nos adentra en ese deseo sexual a una infante con gran detalle y de forma sutil (no vulgar como asociamos normalmente a esto) ,
y también que se nos hace énfasis en los sentimientos de desesperación de un protagonista que por momentos se siente víctima de la propia víctima. Esto nos lleva a comprender el rechazo que pueda provocar si uno no se distancia lo suficiente, y el hecho que haya sido
fuertemente criticado: “ha sido interpretada muy ampliamente de una forma tal que justifica la violencia diciendo que es una historia de amor”, dice Freixas.
Obra polémica, densa, pero también original y de interés que uno puede disfrutar especialmente, creo, si mantiene cierta distancia y conciencia de lo que se narra. Le pondría un 7 u 8.